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Cómo activar el entusiasmo a través de la inteligencia emocional.


Verónica Losa.

La inteligencia emocional interesa y mucho. Según Verónica Losa, fundadora de Ets Talent, la clave está en que “hemos conseguido saturar un modelo donde existían unos valores del control, la seguridad, el esfuerzo y el sacrificio que esperábamos que nos dieran la felicidad que todos buscábamos, sin embargo, hemos confirmado que no, la promesa no se ha cumplido y estamos a la búsqueda de nuevas respuestas”. Es un hecho que muchos profesionales apuestan hoy por conocerse mejor y manejar sus emociones y patrones de pensamiento de una manera más saludable y más coherente con sus objetivos personales.
 
En la sesión organizada por Talent Hub, los participantes lo definieron como un estado de ánimo o una fuerza interna que te proporciona energía, que provoca emociones que necesitan ser proyectadas hacia el exterior, que te motiva, que te dispone para la acción, propicia la confianza, la autoestima y la sensación de capacidad. Es, además, altamente contagioso.
 
Pero, ¿cómo hacer que aparezca cuando lo necesitamos?
 
1.Siendo conscientes que el entusiasmo lo activamos nosotros mismos. Debemos reconocer los momentos o las circunstancias en las que se genera este sentimiento positivo para favorecerlo y fomentarlo cuando lo necesitemos. El entusiasmo es una “actitud” ante determinado momento, una interpretación positiva de la realidad.
 
2.Siendo conscientes, también, de aquello que nos desconecta del entusiasmo. Así sabremos qué situaciones, personas, lugares, etc. que no favorecen una actitud entusiasta.
 
3. Indagar en nuestro nivel de entusiasmo en cada momento, y si no está presente, descubrir el sentimiento que prevalece sin interpretarlo siempre en clave dualidad. “Si no estoy entusiasmado puede ser que esté calmado, no necesariamente triste o aburrido, o puede ser que tenga miedo”, explica Verónica. La incertidumbre, el ansia de control, el estrés o el desengaño son otros sentimientos que nos alejan del entusiasmo, por lo que es importante conocer de qué manera podemos gestionarlos.
 
El entusiasmo es un sentimiento que está directamente conectado con otros: no es espontáneo ni aislado. Por ello, tal y como detalló Verónica, en muchos casos es el motor de la inteligencia emocional. Un recurso interior que vive altibajos, pero que es clave para sacar lo mejor de nosotros mismos y potenciar las habilidades que aportamos.
 
Pese a que se hizo mundialmente conocida gracias a la obra de Daniel Goleman en 1995, fue en 1990 cuando Salovey y Mayer la definieron como aquellas habilidades que nos permiten identificar, usar, entender y gestionar nuestras emociones.
 
De manera simplificada, y antes de querer entender “por qué me siento así”, todo aquel que esté interesado en comenzar a gestionarse emocionalmente de manera inteligente debería hacerse estas sencillas –pero complejas– preguntas:
 
  • Para identificar una emoción, pregúntate “¿cómo me siento?”
  • Para utilizar una emoción, pregúntate “¿cómo me quiero sentir?” Eso te dará un camino.
  • Para entender una emoción, pregúntate “¿por qué me siento así?” Date el tiempo para reflexionar.
  • Y para gestionar una emoción, pregúntate “¿qué estoy dispuesto a hacer?” Y hazlo.

Indagando en nosotros mismos podremos acercarnos cada vez que queramos a ese ansiado estado de entusiasmo, lo que nos aporta numerosas ventajas. El entusiasmo tiene la virtud de activar nuestra implicación, ayudarnos a generar ideas, disparar la creatividad y encender la pasión, entre otros tantos beneficios.

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